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Pérez Art Museum Miami

Miami. Desde hace unos años, Miami, se ha vuelto creativa, bohemia, vanguardista, gracias al arte en sus infinitas manifestaciones. Esta faceta ha propiciado que la ciudad sume a su atractivo de playas y compras, una propuesta cultural. Uno de los últimos que se suman es el Pérez Art Museum Miami (PAMM) ubicado junto a la bahía de Biscayne. Al llegar, el visitante se queda admirado durante mucho tiempo, solo, escuchando el viento y el agua antes de pasar dentro.image
El museo ofrece excepcionales vistas hacia el canal, el cielo infinito, las palmeras, el océano. Diseñado por los arquitectos suizos Herzog & de Meuron, lleva el nombre de su mentor, Jorge Pérez, un empresario inmobiliario argentino de padres cubanos, quien donó 40 millones de dólares y varias obras de arte de su colección personal. El reto era construir un edificio sin una gran colección y el diseño de un museo que pudiera competir con la playa y atraer la atención de los visitantes. El agua, el sol y la vegetación definen la ciudad, y el edificio responde a estos tres elementos. Construido sobre pilotes para protegerse de las inundaciones, con el tiempo se envolvió en la vegetación; columnas circulares de exuberantes plantas – cada una pesa alrededor de dos toneladas – en cascada desde el techo. Patrick Blanc, botánico, inventor de los jardines verticales, es quien ha proyectado los jardines que incluyen mas de 80 tipos de plantas. La capacidad de reconfigurar el espacio ha sido esencial en un museo que todavía está formando su colección permanente. En este momento tiene 1.800 obras y se centra en el arte de la década de 1930 hasta la actualidad, con especial énfasis en el arte latinoamericano. Diego Rivera, Rufino Tamayo, Joaquín Torres García, Beatriz González, Wifredo Lam, Adrián Esparza o Ana Mendieta por citar algunos. La colección y la arquitectura están muy en sintonía con la demografía de Miami, una ciudad de inmigrantes. Un museo concebido como centro cultural y social, más allá de su función como espacio expositivo. Justo en la entrada, la instalación de Hew Locke, 79 maquetas de barcos que cuelgan del techo con la vista de la bahía en frente, mezclando el océano exterior y el arte interior, un puente entre los dos mundos. Son tres plantas con enormes ventanas protegidas por un dosel de listones evitando la luz directa del sol. Esa constante combinación sorprendente de la naturaleza y la cultura, marcan lo diferente que es el Pérez de otros museos, donde las vistas del mundo exterior y el arte rara vez se unen. La transparencia y la apertura son apropiados para una ciudad cuyas colecciones de arte más importantes son privadas.image