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Lina Bo Bardi: Together

São Paulo. Se cumplen 100 años del nacimiento de Lina Bo Bardi, arquitecto italiana que desembarcó en el Brasil de 1946. Ingeniosa, aventurera, comprometida, a veces mitificada, otras detestada. Es cierto que decidió que la cultura no debía ser elitista sino accesible. Y trabajó para demostrarlo.
Se encontró a sí misma ante la escasez de medios de un país para convertirse en una proyectista capaz de transformar no las ciudades sino la vida de los ciudadanos. La humanización de la arquitectura moderna. Una arquitectura de obligación cívica, construida con formas y materiales sencillos pero capaz de enriquecer la vida, la cultura y las relaciones entre las personas. Ideaba desde el programa hasta el edificio pasando por el mobiliario.
Su primer trabajo, su propia vivienda, la Casa de Vidrio en Morumbi, fue el último coletazo de la modernidad europea que traía consigo. Elegante, exquisita, exuberante. Así, la propia casa de vidrio retrató a una Lina Bo recién salida de Italia, luchadora, rompedora, pero todavía académicamente moderna y subida a unos tacones. Conviene visitar sus otros edificios de São Paulo para entender hasta qué punto Bo Bardi decidió vivir con los pies en el suelo el resto de su vida. Cuando se dio cuenta de que en el Brasil de finales de los cuarenta no había clase media tuvo claro que entre los propietarios y la gente iba a elegir a la gente. Su arquitectura es fruto de esa decisión, de querer relacionar arquitectura y vida. La elección por parte de Bo Bardi de lo local, las raíces y la vida cotidiana hizo que proyectistas brasileños como Niemeyer recelaran de ella.image
Fue en la mestiza Salvador de Bahía donde hizo sus primeros trabajos públicos, sin embargo, demostró sus ideas con su primera gran obra, el Museo de Arte de São Paulo (MASP). Un hermoso intruso, en el corazón financiero de la ciudad. Capaz de unir arte y plaza pública, un lugar de reunión y protestas junto a las sedes de las compañías más poderosas. El característico color rojo es el resultado de los fallos del hormigón original. Cuando se agrietó y supo que debía cubrirlo, la arquitecta decidió subrayar esa cobertura pintándola de rojo. La intención fue clara, destrozar el aura que rodea a los museos. Los había reinventado como espacios públicos una década antes de que se inaugurara el Pompidou de París. Décadas después, Bo Bardi dejó claro cuán política puede ser la arquitectura, y cómo la cultura popular puede celebrar y denunciar a la vez, fue en el centro social SESC Pompeia (Servicio Social do Comercio) un conjunto que transformó silos y una antigua fábrica en el centro social de un barrio obrero.image
Instituto Lina Bo e P.M. Bardi