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La última Reina de París, Jacqueline de Ribes

New York. Aristócrata, diseñadora, aficionada a las fiestas, icono de la elegancia del siglo XX. Durante décadas apareció en las listas de las mujeres mejor vestidas y en los bailes más famosos. A sus 85 años, vive casi retirada, pero una exposición vuelve a ponerla de actualidad. El museo Metropolitan de New York dedica una muestra al exquisito armario de Jacqueline de Ribes, a quien la revista Vanity Fair puso el sobrenombre de “la última reina de París”.image
The Art of Style presenta más de sesenta diseños de alta costura, datados de 1962 hasta la actualidad. Harold Koda, el comisario de la exposición y la condesa llevan años seleccionando entre las más de 400 piezas de vestuario, más joyas y, que guarda en habitaciones de su piso de París, perfectamente planchadas y ordenadas por su mayordomo.
Dicen de ella que es la última superviviente del baile de Beistegui, la gran fiesta que, en septiembre de 1951, el multimillonario mexicano Carlos Beistegui organizó en Venecia y que muchos consideran uno de los mayores eventos sociales del siglo XX. Jacqueline estaba allí y, en efecto, es la última superviviente de aquel inmenso grupo en el que también estaban el Aga Kahn III, Barbara Hutton, Orson Welles, Dalí vestido por Christian Dior y hasta Dior vestido por el mismísimo Dalí. Pero Jacqueline participó también en el Baile en Blanco y Negro que el escritor Truman Capote organizó en 1966, en New York, o en el Baile Oriental que el barón de Redé hizo en 1969, en París. De la condesa de Ribes con un físico muy especial dicen que sabía llegar y marcharse mejor que nadie y que su puesta en escena, además de su elegancia, era espectacular. No se perdía ni una, donde acababa convirtiéndose en la protagonista y en el centro de miradas y conversaciones. Capote la consideraba uno de «sus cisnes», categoría de la que también formaron parte otras estrellas de la vida social de la época como Gloria Guinness, Babe Paley, Slim Keith, Marella Agnelli o Lee Radziwill, hermana menor de Jackie Kennedy.
Pero, ¿quién es en realidad esta mujer? Jacqueline nació en París en el seno de una familia de la aristocracia. Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la influencia de su abuelo, un nuevo rico, que tenía castillos, yates, caballos de carreras, mujeres y coches. Con solo 18 años, conoció a su marido, el futuro conde de Ribes y siguieron 66 años juntos, hasta la muerte de él en 2013. Una persona decisiva a la hora de ayudarla a definir su estilo fue Diana Vreeland, editora de moda de la revista Harper’s Bazaar. Ambas se conocieron de forma casual en el New York de los años 50 y nada más verla, la periodista se acercó a la condesa y le dijo: «Queremos que te fotografíe Avedon». Al día siguiente, tuvo lugar la sesión de fotos, de la que salió una de la imágenes más conocidas de Ribes: de perfil y en blanco y negro, con su gran nariz y su largo cuello. Dentro del mundo de la moda De Ribes hizo grandes amigos, como Valentino, al que conoció cuando estaba empezando y que a duras penas podía mantenerse en París. El diseñador italiano Oleg Cassini con quien entabló una estrecha relación profesional y de amistad que llega hasta nuestros días. También colaboró durante una temporada con el diseñador Emilio Pucci. Aunque su salto a la moda no fue hasta los años 80, cuando lanzó su propia firma. Gustó tanto a los críticos como a sus clientes. Su primera colección la presentó en su casa de París y en primera fila se encontraban, entre otros, Yves Saint Laurent, Valentino y Ungaro. Muchas famosas de la época vistieron su ropa, incluso las más alejadas en principio de su estilo, como Cher, Nancy Reagan o Joan Collins. En 1994 un problema de salud obligó a De Ribes a retirarse.