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Hoteles que parecen casas

Hay dos tipos de viajeros, aquellos que cuando viajan son turistas y los que viajan por obligación y añoran su casa desde el mismo momento que hacen la maleta. Hoy, los clientes buscan combinar un concepto único y trato personal sin renunciar al confort y al buen servicio de las grandes cadenas hoteleras. vivirdemais es viajero, disfruta los hoteles y viviría siempre en ellos pero ha descubierto algunos donde uno se olvida y parece estar en casa, mejor incluso que en su propia casa.
Amsterdam.image
Maison Rika con sus objetos singulares, su cuidada atmósfera y su exclusivo entorno, es el centro de operaciones ideal para vivir el Amsterdam más glamuroso y sin sentirse un turista. Situada en la zona de “las nueve calles”, barrio histórico famoso por sus tiendas de diseño y unas vistas privilegiadas sobre el canal Herengracht. Cuenta con dos únicas habitaciones, una en el primer piso y otra en el segundo. Las habitaciones destilan un estilo escandinavo: calidez, clásica elegancia y un toque vintage presidido por una estrella, el símbolo de Rika. Mobiliario de diseño, piezas de arte, objetos exquisitos que la propietaria Ulrika Lundgren ha adquirido en sus viajes por todo el mundo. Las camas son enormes, los suelos de madera antigua pintados en negro, las obras de John Derian y Sang Ming visten las paredes y flores frescas conviven en armonía en ambos espacios. Ulrika Lundgren sabe que la clave de la belleza está en los detalles. Esta diseñadora de origen sueco es la creadora de la marca Rika, que integra este pequeño y acogedor hotel, una exclusiva tienda de ropa y una publicación, portavoz de la filosofía de la marca. La tienda está llena de complementos, objetos de decoración, velas, perfumes, joyas de diseño de Holst + Lee, sombreros y tocados de Maison Michel, obras de John Derian, sus propias colecciones y otras marcas como Proenza Schoulder, LaLa Berlin o Alexander Wang. Y un espacio destinado a exposiciones y eventos pop-up que participa activamente de la vida artística y cultural de Amsterdam. Ese ambiente, en un barrio en constante ebullición estética y de diseño, contribuye aún más a querer hospedarse siempre aquí y pensar porque no aumentar el número de cuartos.
Bruselas.image
Odette en Ville una mansión situada cerca de la Avenue Louise, la ubicación ideal para explorar las tiendas de lujo. Abrió sus puertas en 2009, y es el mejor lugar para hospedarse para aquellos que gustan de la decoración. Odette en ville lleva el nombre de un personaje imaginario. Se pueden deducir muchas cosas de la señora de marras con solo echar un vistazo a su casa; por ejemplo, salta a la vista que le encanta el color negro. Las ocho habitaciones con mármol italiano, cortinas de terciopelo, honda bañera de dos plazas, piel de conejo sobre las camas y chimeneas francesas contribuyen a disfrutar de esta residencia lujosa e íntima. El restaurante también es muy atractivo, un local oscuro pero acogedor en el que se sirve una cocina belga con una gran dosis de originalidad aportada por Marcel Wanders.
Made In Louise es un hotel boutique donde el estilo y el encanto son una forma de vida. Donde los huéspedes disfrutan de una hospitalidad que sólo se puede experimentar en una casa familiar. Un ambiente único en un edificio histórico de principios del siglo XX con un servicio personalizado. Completamente reformado en 2012, 48 habitaciones luminosas y confortables, y lleno de carácter. Antoine Duchateau Mino diseñador de interiores, es el propietario, ha transformado el hotel con toda su pasión y su know-how, después de tener una tienda de decoración en el extranjero durante muchos años. El hotel consta de tres edificios independientes, en el principal alberga enormes habitaciones de techos altos y una impresionante escalera. El desafío era mantener el encanto del viejo caserón pero proporcionar los servicios de un hotel de lujo requeridos en la actualidad y aplicar las nuevas tecnologías. El respeto por el planeta, la preocupación por el ahorro de energía están también muy presentes. Una planta de cogeneración se utiliza para calefacción, el agua caliente y producir su propia electricidad.
Londres.image
Rough Luxe Hotel. Aquí, el lujo tiene otro significado. Lujo en la exclusividad de los servicios y en la relación con el cliente. Lujo en el estilo de vida, basado en valores culturales e intelectuales y en el consumo ético y educado. Lujo en la percepción del tiempo, de las experiencias vividas y de los lugares por los que pasamos. Un peculiar hotel en el que lo viejo se mezcla con lo nuevo, lo caro con lo barato y lo opulento con lo sencillo. Ubicado en un edificio de 1850 que alojó durante décadas un pequeño hotel regentado por una familia italiana, el establecimiento se reformó en 2008. El sello del galerista y diseñador Rabih Hage, al que los propietarios encargaron la reforma, se adivina en la combinación de obras de arte y muebles de lujo -en el sentido Rough Luxe de la palabra- con elementos conservados del inmueble original. Al entrar en el Rough Luxe Hotel, la vista se va hacia esta composición: la silla Black and White de Karen Ryan, el cuadro Gilbert and George de Jonathan Root y los dos sillones The Butterflies, que conforman el rincón que hace las veces de sala de espera. Subir a la habitación es pasar la gran prueba de fuego: poner el pie en el primer peldaño de la escalera y preguntarse “que hace una chica como yo en un sitio como este”.. frente a los conceptos de “arqueología urbana” y “paredes deconstruidas” del Rough Luxe. Durante la reforma, se revelaron grandes sorpresas bajo los viejos papeles de las paredes. Y se decidió conservar aquel tesoro tal cual era sin taparlo. Los muros desconchados contrastan con las habitaciones revestidas de papeles de diseño o espectaculares fotografías. Estos murales cubren grandes superficies, con el objetivo de crear un efecto de engrandecimiento del espacio y de acentuar la exuberancia de las estancias. ¿Una ducha en la moderna cabina o un baño relajante en la antigua y brillante bañera de hierro fundido? Los sofás-cama y las lámparas adquiridos en anticuarios son un elemento común en todas las habitaciones. El desayuno es la única comida que se ofrece en el Rough Luxe Hotel. La sala donde se sirve es un lujo en sí misma: el impresionante techo con una fotografía de una cúpula del Renacimiento, los muebles comprados en anticuarios, el cuadro This is shit de Daniel Baker y los platos Blame y Envy de Karen Ryan. Extraordinario. Prueba superada