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Claus Porto

Oporto. Dos alemanes, Ferdinand Claus y Georges Ph. Schweder fundaron la primera fábrica de jabones y perfumes en Oporto en 1887, en una época en la que este tipo de productos eran de importación y se consideraban un auténtico lujo.IMG_7184
La fábrica empezó con gran éxito, pero la Primera Guerra Mundial forzó el exilio de los dos fundadores y su cierre momentáneo. Pues su aliado portugués, Achilles de Brito, y su hermano tomaron el relevo y fundaron una nueva compañía en las mismas instalaciones, la Ach. Brito & Co., y siguieron produciendo jabones bajo la misma marca Claus Porto.
De esta forma pronto creció y ganó fama por la innovación, la calidad y el packaging de sus productos; incluso crearon su propia litografía, para poder pintar todas las etiquetas a mano. En los años 40 logró consolidarse en el mercado nacional y extranjero, y desde entonces, no ha dejado de crecer y fortalecerse, considerándose la marca de «los artesanos del jabón». Y con razón. Claus Porto produce los mejores jabones siguiendo el mismo método desde hace más de 130 años. La pasta de jabón se muele hasta siete veces para eliminar todo el aire y conseguir una textura cremosa, un aroma duradero y larga resistencia. Luego las pastillas se laminan y se sellan, una a una, con las mismas máquinas a pedal que se usaban hace más de 70 años, y se dejan «madurar» durante tres semanas para una mejor consistencia. Finalmente, cada jabón se envuelve a mano, siguiendo un proceso minucioso y delicado. Un packaging cuidado hasta el extremo con su propia marca y envoltorio distintivo. Sus diseños y etiquetas Art Déco están inspirados en los modelos de la litografía que creó la compañía en los años 50. Los Claus Porto son en definitiva más que jabones, son pequeñas obras de arte que aportan dosis de ­lujo a lo cotidiano.IMG_7183