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Charrúa

Madrid. Charrúa es el nuevo paraíso para los sibaritas de la carne. Primero fue en La Coruña y ahora le ha tocado el turno a Madrid. Sus dueños, el uruguayo Ignacio Juanvelez y el valenciano Rodrigo Marchal, llevaban muchos años en Galicia y decidieron dar el salto a la capital.71707184-0C4A-4272-B4F0-26F32E4E6539
Primero abrieron Cannibal en 2016 en el local del mítico Café Óliver, y ahora justo en frente arrancan con Charrúa. Si en Cannibal, con un nombre para verdaderos sabuesos, la especialidad son los crudos, una gran parrilla a la vista es alrededor de lo que todo gira en Charrúa. Hasta el nombre homenajea a la brasa: es el de una tribu de grandes cazadores que vivió en lo que hoy es el sur de Urugay durante el siglo XVI, para ellos el fuego (como aquí) era un elemento esencial.
El espacio, acogedor y luminoso, recuerda al salón de una estancia de campo uruguaya, donde la parrilla es el centro de todas las miradas. Allí el parrillero con maestría y dedicación va preparando los diferentes cortes de carne que van saliendo hacia las mesas. Para los más pasionales existe una barra preparada -también para comer- frente al fuego. Ignacio es quien lo ha decorado dándole carácter uruguayo, pero respetando algunos elementos que dan personalidad como las columnas o las vigas. El ambiente invita a pasar allí largas veladas invernales con alfombras de piel de vaca, chimenea, velas estratégicamente colocadas, un solo lienzo vistiendo las paredes, algunas ramas secas y, eso sí, un gran sol dorado hecho en metal, como homenaje a Uruguay. Tampoco hace falta mucho más cuando en Charrua se apuesta por las esencias: el fuego y la carne. Y efectivamente todas las miradas giran hacia la parrilla y el fuego.4F16F94D-1134-4085-B243-3286C75F8D38
En Charrúa, se come carne. Amor por la carne. En diferentes cortes y de diferentes países, pero siempre carne. Es pura pasión. Por eso la parrilla es la clave. Se manipula el producto lo menos posible. Buen producto, buena leña, buen parrillero y a la mesa. Se sirve el chimichurri casero al comienzo, pero se recomienda que las carnes se tomen solas. Sin desvirtuar el sabor y la intensidad. Para acompañar, puré, boniato, verduras a la parrilla o las tradicionales patatas fritas (buenísimas). Se puede intentar (decimos bien, intentar) compensar la proteína con verde de sus ensaladas: burrata con tomate y albahaca o espinacas, tomate seco, aguacate, aderezo de savora y miel y lascas de parmesano. En los postres una carta repleta de autenticidad: volcán de dulce de leche, panqueques de dulce de leche, lemon pie, tarta de queso o un delicioso sabayon con fresas silvestres gallegas.