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Annabel’s

Londres. Annabel’s ha reabierto sus puertas. A este lado de la puerta blindada, Viktor Varga. Al otro, una mujer con gorro rojo y pompón. A este lado del número 47 de Berkeley Square, el portero mejor vestido del mundo: traje de cachemire hecho a medida en Italia. Al otro lado, un cuadro de Picasso. Marie-Thérèse Walter, o mejor dicho, Maria Teresa tal como la retrató Pablo Picasso en 1937, justo antes de abandonarla y caer en brazos de Dora Maar y pintar el Guernica. Así es como hace las cosas Richard Caring, el nuevo propietario de este club: a lo grande! Caring es accionista mayoritario de los Soho House creados por Nick Jones. Llenar sus feudos de gente guapa y espíritu joven está entre sus numerosas habilidades. Apunta, dispara y deja caer sus epatantes bombazos.11751AA4-49DF-41CF-828E-521D475CDA72
Han pasado 50 años desde que el dosel rayado de Berkeley Square acogiera las caras más reconocidas del momento, comenzando por la realeza y terminando por personas influyentes en Hollywood. Fundado en 1963 por Mark Birley, Annabel’s (nombre en honor a su esposa, Lady Annabel Goldsmith) comenzó como un lugar para sus amigos donde terminar las noches de juego y llegó a convertirse en el place to be, en el club más sofisticado y cotizado del mundo. Frank Sinatra, The Rolling Stones, The Beatles, Elizabeth Taylor o Leonardo DiCaprio son solo algunos que bajaron las famosas escaleras.
Tras un par de años de obras, un ligero cambio de concepto y una nueva localización (del número 44 al 47), ha reabierto sus puertas sin renunciar, naturalmente, a su imbatible nombre: Annabel’s. Si no se encuentra entre los happy few, sus afortunados miembros, vaya tirando de contactos porque se trata de “el sitio”. El nuevo Annabel’s es maximalista, lujoso, excesivo y con un punto decadente que llama la atención y atrapa a primera vista. Este rien ne va plus de sedas, brocados y madreperlas es obra del talento desbocado de Martin Brudnizki. Su trabajo certifica la muerte del minimalismo. Estamos ante un legado de ostentosidad, donde el interiorista no se ha atenido a convencionalismos o reglas de estilo. En él hay toda clase de guiños: Versalles, el dorado Hollywood, la belle époque, el libro de la selva, el orientalismo…Todo junto y muy revuelto. Una especie de escenario perfecto para la joie de vivre.
Pero quien es este diseñador? Pues la estrella del momento. Puede que su nombre no le diga nada aunque muy pronto firmará su primer proyecto en España (al menos público). Nacido en Estocolmo y afincado en Londres desde 1990, Brudnizki es uno de los interioristas más cotizados. Decorador de cabecera de Caring, este ha confiado en él para la redecoración de los míticos The Ivy, Le Caprice y Sexy Fish, uno de los restaurantes más de moda de la capital británica. El sello de Brudnizki también lo encontramos en hoteles tan recomendables como Soho Beach House, en Miami, The Beekman en Nueva York y la reciente remodelación del célebre y gigantesco Park MGM de Las Vegas o el delicioso Hotel Bloomsbury, donde su Coral Room es de lo mejor de Londres.66106796-655B-4571-BB3E-675BCF879D44
Martin Brudnizki no lo tuvo fácil a la hora de decorar esta mansión georgiana de cuatro pisos. Todo es sorprendente pero tal vez destaquen dos espacios. El Legacy Room, el sancta sanctorum, el salón reservado para los socios fundadores. De nuevo nos topamos con un cuadro de Picasso, esta vez muy bien acompañado de Chagall y Modigliani. Y un cuarto de baño de señoras con el techo cubierto de miles de pétalos de rosa en seda y colocados a mano. Sus lavabos-concha de ónix rosa, grifos dorados con forma de cisne, papel pintado de flores y apliques de cristal con un toque decadente, han conquistado incluso a la mismísima reina del nuevo lujo, Kelly Wearstler. No es extraño que sus clientas quieran organizar una fiesta precisamente ahí. El Annabel’s del siglo XXI tiene unos cuantos cuartos de baño dignos de fiestas memorables, cuatro restaurantes, siete bares, dos comedores privados, un salón de fumar, un bar de champán y, naturalmente, una discoteca en el sótano. Hay, además, un patio con un techo retráctil tan rápido como el de Wimbledon.
Sobra decir que en su versallesca decoración Caring se ha gastado más de 55 millones de euros. Sin contar claro está, sus obras de arte. Pero el dinero, en un lugar como el 47 de Berkely Square adquiere un papel secundario, casi irrelevante. El juego de moda en ciertos círculos londinenses es precisamente poner adjetivos a todo lo concerniente a este club y particularmente con su asombroso interiorismo. Arrogante. Pretencioso. Absurdo. Innecesario.
Pasen, vean y juzguen por si mismos pero no fotografíen: está prohibido. Aunque todos confiesan hacerse un selfie en el baño. No se resistan!1A9CB2BF-BCD1-43CB-8DFC-D7BFC7FC5717